Aquí tienes el relato asociado a “La Tristeza” escrito por la artista Ruth Rubio.

Puedes leerlo escuchando la canción en la que está inspirado o no. Tú decides.

Disfrútalo.


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“Como dos puntos. Que respiran y se piensan mirándose de frente, porque sólo sirven para eso. “Pues bien, dos puntos, ha vuelto a hacerlo”. “Como dijo un quejica, dos puntos, siempre acabamos llorando por nosotros mismos”. Pausa y consecuencia. Pausa y conclusión. Los dos puntos eran otra cosa, producto de una creencia intacta. Quizá porque solo puedo mirarlos como te miro a ti. De lejos: aquí mismo, como la fe. Sin entender demasiado y con hechizo por no entender demasiado. Es en serio, me fascinas. Si te entendiera, - como empiezo a entender que dos puntos son: pausa y consecuencia, o pausa y conclusión- tendría que arrancarme ese trocito de cabeza, lanzarlo al espacio, para olvidar todo lo que he entendido. Quiero decir, dos puntos, es una elección. Respétala, no lo pienses demasiado. 


Dos puntos por separado, sin embargo, pueden ser desfiladeros. Dos rocas afiladas para dos finales distintos, dos soledades distintas y cortantes. 


Los dos puntos para dividir, 4 : (entre) 2, la tierra : (entre) quienes la habitan, el bien : (entre) los buenos, la tarta : (entre) los malos. Para separar, incluso, las horas de los minutos. Son las 3, dos puntos, y quince. Son las doce, dos puntos, cero cero, cero, cero. 


Ahora, piensa por un momento en los cuerpos. Busca dos puntos. Más arriba, más, casi. Eso es. 

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No es casualidad que usemos dos puntos para respirar. No quiero pensar en ello porque es peligroso, como las normas que lo explican todo.  


Dos puntos como dos caballos alados. El bueno, el malo. El corazón, el hígado. Sangre blanca, bilis negra. Dos puntos sobre mis dos ojos: la ceguera. La excusa perfecta para alimentar a la bestia incorrecta.  


Lo peor es que, sé, que de los dos puntos, soy el que está abajo, el que muere con el cuerpo, como el aire y los fluidos. El que sostiene la pausa, consecuencia, efecto. Y es extraño, a la par soy épica, a la par la tristeza del constructor de paredes. No conozco otro alfabeto para levantar los cimientos. Hay una enfermedad, no recuerdo cómo se llama, que hace que cuando miras unas ruinas te desmayas de belleza. Y las ruinas son sólo piedra sobre piedra “:” así. Había un tiempo en que cargaba todos los hogares, calores de otros pechos que no eran el mío. Como una ermitaña marina, como los nómadas que danzan en el desierto. Por eso hoy vuelvo a ti. Vuelvo a la tristeza, dos puntos, vuelvo a casa.”